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viernes, 10 de enero de 2014

La poda

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Todo acto es nada hasta que lo diseccionamos.

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Un desayuno ligero en casa y siete minutos después,  en la viña.  Es una mañana blanca.  A  escasos trescientos metros diviso cinco hombres en corro. Son cazadores desayunando.  Se toman el domingo de amigotes entre comida, bebida y muerte.  Mientras sus mujeres estarán preparándose para ir a misa, ellos se encuentran inmersos en los ritos de la religión de la caza. La diferencia reside  en que ellos van a por la pieza mientras que ellas  han caído en las redes de una iglesia de la que no pueden ser sacerdotisas. Para ellos el Reino está en las  siembras, vides y olivos,  y en el momento de cobrar la pieza se sentirán como Dios, dueños y señores de  la vida de los campos, de ahí que prefieran este templo natural al otro aunque estoy seguro que esos cinco ni sus mujeres lo han pensado.  

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A poco se van. No queda nadie más que yo en estos parajes. La soledad ociosa en la naturaleza  conduce a la calma pero sobrellevar la soledad diaria del jornalero  precisa fortaleza de espíritu. A los quince años aprendí a realizar la poda en vaso y doy fe de que realizarla durante horas, en solitario, en líneos de cepas que se tornan infinitos, conduce a momentos de desánimo en los que aparece  un fuerte deseo de abandonar la tarea. Un amigo de la familia reputado “podaor” y ya desaparecido, cuando decidió a los setenta y pocos años poner fin a su vida laboral tras sufrir un par de vahídos en mitad del campo,  me dijo:

-Llegó la hora, Juan. ¡Tanto trabajar y trabajar ¡ …¡Y solo!, ¡siempre solo! 

Me conmovió. Me reconocí en su lamento. Porque aún más agotador que el trabajo físico resulta enfrentarse a los propios demonios. En la soledad del hombre de campo, a diario inmerso en un medio percibido en ocasiones protector y en otras inquietante,  ante la imposibilidad de mantener durante horas la atención continua en la misma actividad y establecer comunicación interpersonal, surgen de tanto en tanto soliloquios silenciosos en los que se intercalan reflexiones, recuerdos, tareas pendientes, proyectos, pero  también,  descabellados y turbadores deseos sobre la vida y la muerte que afloran  inesperada y desordenadamente. Ideas nunca antes conscientes que brotan del  uno mismo desconocido, insospechado. Eros y Tanatos  en toda su potencia. En campo abierto la posibilidad del autoconocimiento, el camino hacia la individuación. El premio al duro ascetismo agrícola, recompensa  “escondida” de la que no se habla. Sucumbir a ellas conduce a la locura; reprimirlas, a la inmoralidad del moralismo y la intolerancia; ignorarlas es una traición a la honestidad. Tan solo  quienes las analizan e integran optan al fruto de una acción que, curiosamente, les llevará a transitar por el solitario a la par que gozoso y tormentoso conocerse. La sabiduría del  hombre de campo no es gratuita.  Por eso son tan pocos los elegidos.

Situado en la primera cepa de un líneo que se me antoja infinito, escudriño la tarea que me aguarda y cuya máxima motivación es la conservación de la pequeña herencia familiar. Comienzo. 

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Lentamente voy destejiendo el entramado de sarmientos de cada cepa. Me abstraigo en uno de esos juegos con los que procuro hacer más llevadera la faena aun a sabiendas que dicho empeño me castigará con una dilación de la misma. Intento averiguar cuáles son los mecanismos y automatismos mentales que hacen posible que pode, pero si me pregunto  qué es lo que estoy sopesando en este momento para elegir el siguiente corte dejo de pensar en las variables a considerar y mis brazos se detienen en seco.  No puedo pensar sobre lo que pienso al mismo tiempo, es decir no puedo observar en tiempo real lo que hace  mi cerebro porque soy lo que hace mi cerebro y si soy lo que hace mi cerebro no soy “algo” que está en él…¡Ah amigos creyentes!... ¿Qué me decís ahora del alma?  …

La introspección es un conocimiento en diferido e imprescindible. Es indignante que el autoconocimiento no figure de forma sistemática en el currículo escolar.  A los alumnos los analizamos desde fuera y hacemos que en cierta medida interioricen nuestra valoración sin proporcionarles estrategias para autoanalizar su actividad interior ni exterior. Una colonización psicológica en toda regla, una falta de respeto imperdonable en un educador.  ¿Y yo? …¿Cómo – lo - hago - yo? Hay reflexiones que matan la autoestima y ésta es una de ellas. 

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Las horas pasan y la viña va tomando otro aspecto. Sin podar la parcela parece un lienzo rayonista de Larionov, sin sarmientos los líneos resaltan en el paisaje como sugerente puntillismo minimalista. De vez en cuando me pongo en pie para contemplar la transformación. Entre tanto le he dado vueltas a la posible existencia de un algoritmo que refleje el proceso de decisiones que sigo en la poda, una tarea que consume en exceso mi atención y que desecho y "regresa" una y otra vez. Posiblemente sea un mecanismo distractor para descomprimir la tensión que me origina estar aquí. Miro los sarmientos en las esmantas y suspiro, no muy hondo, pero suspiro. Miro al sol de la mañana blanca y respiro, ahora sí, profundo. Miro hacia el pueblo cercano y decido marchar. Un último vistazo a las vides hoy podadas. Me encojo de hombros. No son muchas. A este ritmo, terminar la viña me llevará más tiempo del que deseo. El tiempo es oro pero como decía Séneca: “la vida se divide en tres momentos, el que ha sido, el que es y el que será. De ellos, el que ahora recorremos es corto, el que vamos a recorrer es dudoso, el que hemos recorrido es seguro. El pasado es el único de los tres que no está sujeto al azar y su “posesión es perdurable y sosegada”.  El de esta mañana lo doy por bueno, gastado entre pensamientos de poda y la poda de pensamientos.



martes, 25 de junio de 2013

ADIOS E.S.O, ADIOS. Un ejemplo de conformismo.


“Sólo triunfa en el mundo quien se levanta, busca las circunstancias, y si no las encuentra, las crea” George Berard Shaw.

Durante el curso que está a punto de finalizar, nuestro colegio, un centro público, redujo significativamente su profesorado. A nadie parece haberle importado. Durante un mes no tuvimos maestro de música y durante mes y medio de inglés. No hubieron ni cuatro o cinco madres o padres que se personasen en el despacho del responsable de turno, al que pagamos todos, para demandarles SI o SI que cumpliese con su obligación de nombrar al docente sustituto de inmediato. El curso que viene nos “empequeñecemos” aún más. Dejamos de impartir ESO. Ocurre, como debe de ocurrir en un estado democrático: por decisión de la autoridad competente, sin previa consulta y  análisis con la población afectada. Al fin y al cabo para eso estamos los ciudadanos de esta democracia transgénica insertada de genes franquistas, para obedecer y punto. Hemos perdido la oportunidad de elegir entre que nuestros hijos continúen estudios de educación obligatoria en su localidad o fuera de ella casi en silencio. Un detalle … sin importancia. ¿Para qué tanto elegir?  En tocante a la libertad, esa ficción idealizada, seguimos, como dijo Eric Fromm instalados en el miedo y la sumisión.

Cualquier ciudadano que sintiese a Villarta debía de haberse levantado contra tal decisión y haberla boicoteado. Cualquiera. Los que se han llevado o pensaban llevarse a sus hijos a estudiar fuera como los que no, tanto por las formas de la decisión adoptada como por el fondo porque nos han arrebatado a todos, para siempre, la posibilidad de elegir. Hemos sido ninguneados, tratados como borregos. Un pueblo al que le eliminan servicios es un pueblo condenado a morir. Los pueblos tenemos derecho a servicios básicos de calidad y la educación obligatoria es uno de ellos. ¿Quién es el señor o señora que ha decidido que nuestros hijos de once y doce años han de levantarse a las 7 de la mañana, ponerse en carretera (ida y vuelta) con el consiguiente riesgo de accidente para asistir a clases más masificadas y regresar a las 15h cuando teníamos la posibilidad de evitárnoslo? Una jornada casi casi urbanita, madrileña. ¡Qué modernidad en los llanos de la Mancha rural! En vez de responder exigiendo la mejora del servicio que teníamos hemos acatado su desmontaje con un tímido murmullo en dos o tres reuniones y una postura casi pusilánime.

Han sido dieciséis años de ESO en Villarta divididos en dos etapas. La primera en la que los padres y madres del colegio y el AMPA consiguieron CURSO a CURSO movilizar al Ayuntamiento (que siempre fue a remolque) y hacer que se respetase por el gobierno de entonces su permanencia. Otra, la de estos últimos años, en los que ha existido una infundada campaña de desprestigio, sin base en datos reales sobre el funcionamiento de la ESO en nuestro Centro, lo que junto  con el consejo más o menos explícito de la dirección del colegio a los padres para que se llevasen a sus hijos a un IES, el “olvido” del Ayuntamiento, un cierto esnobismo provinciano, y sobre todo el conformismo imperante han propiciado una situación imposible de reconducir.

El conformismo. Un estar en el mundo muy valorado por familias, políticos y educadores. Un antivalor que es el cáncer de todos los valores. Cuando oigo a un conformista de los muchos que conozco hablar de valores me entran ganas de vomitar. El conformista disocia habitualmente el pensar, el decir y el hacer. Piensa una cosa, pero dice y luego hace otra. A diario hay multitud de cosas que no queremos hacer y que las hacemos en función del qué dirán, de la imagen que damos, de la costumbre, de lo que nos “viene bien”. Es un proceso lento y efectivo al que nos habituamos desde la infancia cuyo objetivo es acallar la propia conciencia y por el que nos habituamos a ser “mu” pero que “mu” falsos en aras de una vida más “complaciente”. Quien lo culmina es aceptado sin mayores problemas por el grupo estableciéndose un contrato tácito de aceptación de la falsedad como salvaguarda de la supervivencia grupal. Es una aceptación simulada, de apariencias, como no puede ser de otra manera, producto de su origen. El precio que se paga por no hacer lo que se piensa es acabar pensando de acuerdo a lo que se “debe” hacer. El rebelde, aquel que no juega a este juego vive en permanente estado de guerra y sólo puede sacar sus fuerzas del sentido ético de sus convicciones.  Su resistencia ante el empuje del poder y de la injusticia surge del  convencimiento. El conformista sin embargo de lo que acaba convenciéndose es de que no tiene que poner ni un ápice su “estable” vida social en riesgo. En todo caso, en función de las circunstancias, simulará que lo hace, pero no irá más allá pues es incapaz de otra cosa. Su vida es un “paripé”.

En el caso que nos ocupa, ante la situación de hechos consumados en la que nos puso la administración educativa, que repito, pagamos para que nos sirva, sólo cabía enfrentarse utilizando una estrategia igual de contundente. Lo demás era parafernalia. En una de las reuniones de los miembros de la plataforma creada al efecto, yo, que no tengo hijos en edad escolar, lo expuse: ¿Quiénes estáis dispuestos a defender que los padres de alumnos del colegio, desde infantil a primaria no lleven a sus hijos a clase hasta tanto y cuanto la administración reconsidere su postura y hacer frente a las consecuencias? ¿Quiénes estáis dispuestos a organizar mientras tanto la atención educativa de vuestros hijos por nuestra cuenta para lo que queda de curso, incluso para el curso próximo con tal de que no os puedan achacar incumplimiento de vuestras obligaciones paternas?...Todo ello sin perder de vista el wertazo que se nos viene encima y que aún haría más difícil sostener la situación.

La respuesta que recibí se puede deducir de la forma en que actuó la Plataforma. Desde el principio quedó claro que nadie estaba dispuesto a jugar a fondo. El AMPA intentó salvar los muebles convocando para la creación de una Plataforma a cuyas reuniones en Villarta nunca asistió la Alcaldesa aunque sólo fuese para dar ánimos. Recogida de firmas, reuniones…POSTUREO. Se decía “vamos a luchar” pero no ha habido la más mínima resistencia al poder político-educativo. Le pese a quien le pese, le duela a quien le duela, un paripé.  
Adiós, ESO, adiós.  ¿Qué será lo próximo a lo que tengamos que renunciar en Villarta? Poco nos queda y espero que lo sepamos conservar. Va siendo hora de que en este pueblo abandonemos el conformismo que nos está llevando a la tumba. Nuestro futuro no es nada halagüeño. Las reformas políticas que se avecinan limitarán aún más nuestra calidad de vida. De los villarteros inconformistas, que los hay, depende un posible cambio de rumbo. Unamos mentes y fuerzas desde ya. Hay que ponerse en marcha. Los conformistas, como está siendo público y notorio estos días, siguen trabajando. 


miércoles, 30 de enero de 2013

La Noche


Salpicada con minisoles de vapor de sodio su negritud se difumina entre tonos macilentos por carreteras, calles y plazas. Bajo nuestros techos de ladrillo y hormigón la acortamos a base de argón, tugsteno, trabajo y entretenimiento. Apenas  gozamos de su silencio sonoro, su dinamismo inmóvil, sus naturales juegos de oscuridad. Nos empeñamos en arrinconarla, en expulsarla de nuestras vidas, pero está ahí, tozuda, paciente…ante nosotros y en nuestros sentimientos. Quien en la noche se adentra con el corazón amargado encuentra en su regazo el aliado en el que volcar su llanto. Al ardiente, la noche le invita a consumir su llama y al exhausto le acoge en su mullido manto. Para todos, en la mar de ocasiones, es proceloso océano. En sus horas más negras, los pusilánimes ahogan la respiración, avistan fantasmas o se encomiendan al dios de su invención esperando su ilusoria ayuda. Pero la noche no está hecha para temer sino para descubrir lo que uno es, lo que quiere ser y lo que no será. Un empeño que puede hacer de la noche una aventura por instantes gélida, tórrida, silenciosa, bulliciosa, huracanada, tormentosa…

La noche no tiene hora, la hay con sol, con luna, de mañana y tarde. Venimos, estamos, y vamos con ella. Nos cincela. ¿Qué otra cosa es envejecer sino consumirse en el fragor de nuestra noche? Mirarla de frente, beberla, apurarla,  ofrece la oportunidad de revisar el relato de nuestra vida, de cerciorarnos si  contamos la vida que vivimos o vivimos la vida que nos contamos, eterno dilema de ese diminuto complejo de cadenas de carbono pagado de sí mismo llamado hombre, condenado a desintegrarse en la inmensidad del universo. Hacerlo nos hace bien. Entonces la noche se trasmuta, parece desaparecer. Atrás queda un “no es posible”, “nunca podré”, “esto no debería ser pero será”, “nunca será de otra manera”, “no sé qué hacer”. Surgen nuevos proyectos, nuevos caminos, entre ellos la muerte. Es la luz, el ojo de la noche. 



                            Entre atormentados silencios 
                                       te persigues.
                              Tus secretos desvelados.
                                      Rejuveneces.
                           ¡Dichosa desdicha en negro!






viernes, 19 de octubre de 2012

El olvido de J.L.


                J.L. y yo  pertenecíamos al grupo 
               de teatro de la Escuela de Magis-
               terio.  En  una de las  sesiones de 
               trabajo,  jugando  a  preguntarnos
               sobre   nuestra  infancia, J.L.  ad-
               mitió, para sorpresa de todos,que
               apenas tenía  recuerdos de cómo
               había  transcurrido  su vida hasta 
               los diecisiete años.Teníamos vein-
               te  y  en  ese momento  no le crei-
               mos. Durante  un  tiempo nos mo-
               famos de  su amnesia, pero tuve 
               la   oportunidad   de  conocer   la 
               verdad.
            
Con la profundización de nuestra amistad, llegaron las confidencias. Así supe de la crueldad y el despotismo de su padre. Su madre lo utilizaba como moneda de cambio para congraciarse con el padre, exigiéndole al tiempo fidelidad absoluta chantajeándole con el afecto. El hermano mayor le achacaba ante el padre los propios incumplimientos y le impuso la ley del silencio. Tres dictadores  que cincelaron su alma con  latigazos físicos y afectivos ante los que como niño reaccionó desterrando cualquier idea o deseo que les contraviniera y enterrando el hecho de que lo estaban sepultando en vida. Porque, a  J.L., como a muchos de nosotros, le jodieron  la infancia. Hay a quien le asquea la mano que le da de comer y come de ella esperando el momento de la venganza, pero no es su caso. Fue un niño cuyo inconsciente  funcionó en dos direcciones, por una parte “olvidó” la lluvia de golpes familiares que son los que más pueden destruir a un niño  y por otra se especializó en evitarlos a costa de estar siempre dispuesto a dar gusto a sus padres y por extensión a todo el que le rodeaba. Por eso era el hijo que a  las madres de sus amigos les hubiese gustado tener. "Me fue bien”, decía. "Inconscientemente reacciono evitando ocasionar cualquier desagrado a la gente. A veces esa actitud me hace parecer débil, pero en ello radica mi fortaleza". “En más de una ocasión te habrás vendido”, le dije a lo que me contestó con un tajante "no es cuestión de venderse, sino de protegerse". 

Pero lo que sucede, sucede y siempre está ahí. Nuestra vida es como un parque temático en el que retornamos a riesgos y emociones ya experimentadas y de cuando en cuando nos  aventuramos en atracciones nuevas. Una noche de mayo del 76, me invitó a salir de pintadas junto a su mejor amigo F.J. y tal vez influenciado por el clima de euforia que reinaba entre nosotros ante el advenimiento de la libertad, J.L. se confesó decidido a volver a sucesos que conmocionaron su vida y a sacudirse la tiranía familiar. Pero tenía que hacerlo con inteligencia. No es el momento, pero puedo dar fe de que lo hizo.  

                   
                     J.L. me  dijo en  una  ocasión 
                    que  apenas  tenemos recuer-
                    dos de la infancia. Nos confor-
                    mamos  con   pensar   que   el 
                    tiempo es el olvido.  No quere-
                    mos  enfrentarnos   a recordar 
                   cómo nos debilitaron los instin-
                   tos.  Es el precio que pagamos
                   por adaptarnos a la sociedad. 
                   Artificial felicidad.
                    
                   

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                                                   J.L. Confidencias

viernes, 5 de octubre de 2012

A PALOS




                          Al Dios de nuestra imaginación se le fue la mano. 
                           Creó un monstruo al que ni siquiera  pudo aplacar                                con la muerte de su hijo. 
                        La historia siempre ha sido sólo nuestra. 
                       No podemos con nosotros mismos.
                 JS-CG



El martes, 25 de septiembre, a las 23h, sentado frente al ordenador me “vi” arremetiendo, una y otra vez contra la horda policial que en Neptuno apaleaba mi espíritu, mis carnes y mis huesos. Con inusitada velocidad me desplazaba invencible por la plaza derribando a cada robot de uniforme y casco azul oscuro  al que tocaba. “Desaparecí” de los madriles como “aparecí”, sin percatarme de ello. El alivio pulsional producido por mi aventura imaginaria se esfumó rápidamente. La realidad retransmitida en las redes me noqueaba. La estación de Atocha era una ratonera  cuando supe que mi hijo se encontraba en ella. Preocupación, intranquilidad, excitación, alarma, desvelo, impaciencia, envidia y RABIA, una furia como hasta entonces ignoraba pudiese emanar de mis adentros. 

Gran parte de nuestra vida “transcurre” “en” la imaginación. En ella diseñamos el mundo QUE QUEREMOS. La manera en que conjuntamos la realidad “interior” y la “exterior” determina nuestro comportamiento. En el ámbito de lo social, emborracharse de “realidad exterior”, entendida ésta como el orden establecido, conduce al inmovilismo. Cuando confundimos el mundo con nuestro “interior”, caminamos hacia la locura. En ambos casos tratamos con quienes consideran que su estar vital es el que DEBE SER y a menos que se les impida, se comportan intentando imponer su visión, es decir, dictatorialmente. Entre estos extremos encontramos al resto de los individuos en los que su estructuración cognitiva se fundamenta en un bucle dialógico entre ambas realidades con diferentes grados de autocreación  y entre los que destacan los  artistas quienes se embarcan en transformar radicalmente la realidad externa a la luz de la interna y cuyo resultado es una ampliación del campo del conocimiento objetivo y subjetivo de la humanidad.

La plataforma del 25S congregó en los alrededores del Congreso a parte de quienes pretenden trasladar a la realidad “exterior” su visión “interior” contraria a la actual organización política que deja a los gobernantes de turno manos libres para decidir sobre derechos y libertades. Unos ciudadanos que no quieren ser títeres silenciosos y obedientes y que  se han propuesto iniciar un proceso constituyente. Un ataque frontal al sistema que supone un avance en la concreción de objetivos políticos respecto al 15M, pues plantea un proceso pacífico de reestructuración política que comparto, pero cuya consecución exige inteligencia, voluntad, firmeza y sobre todo SACRIFICIO porque 

Quienes detentan el poder institucional no se dejarán desbancar SERENAMENTE.

Aunque el ciudadano actúe sin agresividad física, será SALVAJEMENTE APALEADO por el brazo armado del poder con la anuencia de las maltrechas mentes defensoras del actual orden pseudodemócrata y filofascista.

Un enfrentamiento pacífico con el poder no consiste en salir corriendo delante de las porras policiales sino en  hacerles frente sin devolver golpe por golpe, poniendo una y otra vez la cara, costillas, piernas o brazos, hasta remover la conciencia de una mayoría ciudadana que se sume a sus postulados y no reconozca por activa o por pasiva  como suyos a los actuales moradores de la Zarzuela, la Moncloa y el Congreso. 

Tener enfrente a los poderes financieros, mafiosos y políticos defensores o anuentes del capitalismo radical  que condena a la esclavitud y al desamparo a millones de ciudadanos supone sufrir coerción económica, desapariciones, secuestros y asesinatos, tal y como atestigua lo ocurrido en América latina. 


Desde esta perspectiva, el objetivo planteado por el 25S ¿puede cumplirse? HOY POR HOY yo no estoy dispuesto a la quijotada de ponerme a recibir palos poniendo en peligro mi vida y menos aún deseo que lo estén mis hijos, aunque nunca se sabe...Estoy convencido de que lo mismo diría el 99,999% de la población. Si en el plazo de un año, la UE cambia algo su rumbo y empieza a llegar crédito y comienzan a crearse puestos de trabajo con remuneración de 1000, o qué digo 600 e incluso 400 euros, la incipiente conflictividad social se derrumbaría estrepitosamente y las exigencias de mejorar nuestra “democracia” quedarían en un segundo plano. La experiencia alemana así lo demuestra. La griega indica además que en caso de que se considere necesario para conservar en España este orden que yo califico de injusto, el PPSOE, actualmente en connivencia implícita, funcionará como una coalición de gobierno a la que se sumarán los sindicatos mayoritarios para intentar seguir manteniendo el sistema actual con ligerísimas modificaciones pues para ellos es "el único posible" y "realista". 

Mientras tanto, muchos, radicalizándose, porque cuando vemos peligrar nuestro estatus o nuestra supervivencia, nos inflamamos de emociones negativas. Lo queramos o no, ordenar el “interior” exige alto grado de autoconocimiento y los ignorantes en estas lides, que los hay y muchos, se aferrarán, para subsistir, a soluciones elementales y drásticas. Llegados a este punto cualquier comportamiento es posible, desde la angustiosa sumisión hasta la agresión más cruel y ahí se encuentra otra posible salida al problema que considero necesario evitar: LA VIOLENCIA. Quien no tiene nada que perder sólo puede ganar y lo intentará a cualquier precio. Cómo quienes se encuentren en esa encrucijada lleguen a ser multitud, y va camino de serlo, el conflicto será generalizado. Entonces todos seremos llanto y crujir de dientes. 

 Hay otra salida, nada fácil, pero posible y que merece la pena bregar por ella: 

Organizar un modelo de asedio y derribo que contemple el ataque a los flancos del sistema por los que puede desmoronarse: la desobediencia ante leyes o medidas socialmente injustas, el impago masivo de impuestos para ayudar a los bancos, la retirada generalizada de fondos de los bancos que nos extorsionan con desahucios mientras reciben ayudas públicas,la presión individual y colectiva al político local o nacional para que cumpla con el deber contraído para con sus votantes y no para con sus jefes de filas o los amos del dinero, las huelgas de consumidores, de celo, la presentación de iniciativas legislativas para modificar la ley electoral, la lucha contra el fraude, estimado entre 75000 y 90000 millones de euros y a la que el gobierno anterior y el actual han hecho oidos sordos...etc   Tarea más que ardua, pero imprescindible para tumbar al sistema, porque es impensable tener éxito con la sola presencia en las calles.    

Esta salida supone  trabajar en pos de un cambio de actitud de la mayoría social. El modelo jerárquico o DE MANADA, basada en el más fuerte, en la obediencia al "jefe" condena a los demás a la sumisión silenciosa y demuestra que en la organización del poder seguimos siendo primitivos.  Sustituir el sistema actual por otro  que corrija y compense desequilibrios, en el que cada uno pueda hacer escuchar y valer  su voz  y que propicie la inclusión social sin confundirla con alienante uniformidad, exige una mentalidad nueva apenas visible en capas aún minoritarias de la sociedad. Aún son pocos los "elegidos" . AHÍ ESTA LA LUCHA. 

Quienes perteneciendo a los "de abajo" y no se embarquen ni en la violencia ni en el compromiso pacífico continuarán instalados en la falsa "humildad" del conformismo, sordos  ante   la extensión del sufrimiento social o sumergidos en sus fantasías para compensar los palos legales que llueven y lloverán inevitablemente sobre ellos y sus hijos ante los que llorarán como Boabdiles. Pero la indignidad no reside en la imaginación sino en cómo se vive y, por lo que veo, colectivamente lo hacemos cuan lobos domesticados que ignoran algún que otro porrascazo a cambio de poder acceder a determinados bienes de consumo mientras defienden a mordiscos su exiguo territorio y si llega el caso, las posesiones del amo. ¿Pacifismo?...¡Uhmmmmm! 

...A pesar de todo, es cierto, algo nuevo está aflorando. Aunque probablemente dejará alguna que otra huella y aunque deseo equivocarme estoy por asegurar que será abortado a palos de todo tipo: los de las porras y pelotas de goma, los del descrédito, los de la traición y los del abandono. Aún así es señal de que podemos engendrar en cualquier momento una sociedad diferente y de nuevo habrá quien se ponga a ello.

"Se como quiero que el mundo sea pero no cómo DEBE SER"
                                                       
                                               

domingo, 29 de julio de 2012

NORMOSIS




Desayunas, comes, meriendas y cenas con la descomposición social y política. Estás sitiado, agredido, manejado y explotado, como siempre, pero más. Vives en vilo, mañana puede ser peor. Te provocan repulsión aquellos que desde el podio electoral, esclavos del capital, restringen o anulan tus derechos pues no votas para eso. Nadie en su sano juicio lo hace y si tú lector, eres uno de ellos, muérete y si, sin serlo no lo sientes así, muérete también pues eres colchón en el que retoza su tiranía. Jesucristo no tuvo compasión con los profanadores del templo, ¡qué menos que repeler a quien no respeta el santuario de tu alma!

Lo digo, ¡no quiero un mundo con ellos! Que se queden los tronos de oro adquiridos con astronómicos sueldos privados o públicos y se coman sus denigrantes decretos y contratos y  nos dejen en paz. ¡No me producen el más mínimo sentimiento fraterno! Les estamos poniendo no las mejillas, sino el cuerpo entero. Antes o después, a los individuos dispuestos a no imponer ni ostentar poder sino a compartirlo, no nos quedará otra salida que la de crear un espacio propio y nadie podrá arrogarse el derecho a impedirlo. Habrá quienes se planteen construir  o repoblar aldeas o pueblos que den origen a una colectividad distinta, in-dependiente y quienes utilizando las estrategias adecuadas se organizarán en las localidades actuales para crear una vida municipal propia al margen de la presente organización administrativa. Es difícil, pero no imposible, crear comunidades gobernadas por la inteligencia colectiva de personas que no pretendan codearse con el poder sino deshacerse de él y anteponer el acuerdo común al seguidismo idiotizado a un partido o un líder. Una colectividad con personas dispuestas a hacer frente a todo tipo de eventualidades para conseguirlo, incluso a la violencia que ejercerían sobre ellas desde los órganos de gobierno las “gentes de orden” al considerarlas subversivas.

De momento  miro a mi alrededor y veo poca chicha para ese guiso. La mayoría, diría que el noventa y mucho por ciento de la población considera “normal” que los gobernantes puedan imponernos la injusticia y no sepamos qué hacer ante eso; que  es "normal" vivir al dictado de los mercados; que lo “normal” para reactivar la economía es el consumismo; que lo “normal” es la competitividad, la lucha por tener más a costa de avasallar conciencias y destrozar la tierra; que lo “normal” es hacer las cosas en función de su rendimiento económico y no de las satisfacciones que pueden producirnos; que lo “normal” es recibir un mísero salario y dar las gracias porque en estos momentos difíciles nos "dan" trabajo; que lo “normal” es que haya hambre en el mundo, pobreza, afán de lucro y la explotación del que tiene que aceptar cualquier cosa con tal de poder comer; que lo “normal es el culto a la personalidad; que es “normal” vender armas con tal de hacer negocio; que lo “normal” es que no se deje entrar en el país nada más que al que nosotros queramos, porque somos dueños universales de este trozo de tierra; que lo “normal” es vivir nuestra vida sin preocuparnos por los demás aun cuando hemos de hacerlo para que no nos impidan vivir la nuestra y llegado el caso puedan ayudarnos a vivirla; que lo “normal” es rendir culto a dioses y a sacerdotes religiosos o laicos que en todo momento nos piden sumisión a sus preceptos lo que impide el desarrollo de una espiritualidad propia; que lo “normal” es ser un ciudadano borrego ejemplar ; que lo “normal” es escurrir el bulto y que otros solucionen los problemas que nos afectan como colectividad; que lo “normal” es vivir en esa “normalidad” mayoritariamente aceptada que nos hace enfermos de NORMOSIS, patología de la que no somos conscientes y que se caracteriza, en palabras de Pierre Weill, por apego a lo que tenemos, miedo a perderlo y estrés visualizados en estados más o menos intensos de ansiedad . ¿Como no va  a crear ansiedad tener tu presente y tu futuro en manos ajenas? Por eso no es de extrañar que sientas un cierto malestar general, tensión muscular, impotencia, desánimo, algo de presión en el pecho, ahogos, mareíllos y que tu atención sea dispersa, tus ideas inconexas. Procuras emplear el tiempo en cosas intrascendentes, tienes sensación de cansancio y adormecimiento, mal genio, estas sin ganas de no hacer nada, obras por obligación...vas tirando…vas MURIENDO.

¿Ir muriendo?...¿Sobrevivir como muertos?...¿Morir para renacer?...¿Morir para extinguirse?

Si has captado el mensaje, adivinarás por cual opción me decanto. Atrévete. Ayúdame a atreverme. Atrevámonos juntos. 

miércoles, 8 de febrero de 2012

TIEMPOS PARA LA DESOBEDIENCIA



Siempre me he preguntado por qué obedecemos o somos obedecidos, porqué otorgamos a alguien poder  sobre nosotros o  porqué nos lo otorga otro sobre él. El poder del poder.

La vida en la tierra es una manifestación de poder.  El de las tierras. El de las aguas. El del viento. El de la hembra que se preña. El del depredador. El de la inteligencia.

Nacemos. La vida nos embarca  a cada cual en una nave familiar cuyos capitanes procurarán desde el primer momento nuestra sumisión con el fin de hacer más llevadera la alteración que en su existencia produce nuestro advenimiento.  Sus instrumentos: el gesto y la palabra.  Mediante el verbo y el cuerpo  se direcciona el hacer del niño, se le indica lo que debe hacer en su familia, en la escuela, en las asociaciones…En liza dos voluntades, la del adulto que dice y la del niño que escucha. El primero administra a conveniencia fuerza, sustento y afecto   como premio o castigo para conducir al segundo a la obediencia. Si  reiteradamente el niño satisface sus necesidades cuando  se ajusta a lo que se le dice,  cuando “es bueno”,  queda condicionado a ella. Constatar en los sucesivos círculos en los que se desenvuelve, conforme va creciendo, la “santificación” social  de los obedientes, no solo le convence de la bondad de obedecer (reconocimiento social, evitar el castigo o la imposición de  penas o condenas), sino que le hace CREER en la necesidad de hacerlo para  ser  como se debe ser.

Las normas que constituyen el espacio moral identitario de un grupo social conllevan autoridad la cual se transfiere a las instituciones encargadas de que se observen. Así, a la presidencia de un club, de un país, se le debe obediencia y por ende a la persona que la regenta. Lo sé por experiencia propia. Cuando era director de un colegio, en determinados asuntos, se me hacía caso, mientras se ignoraba lo que yo opinaba sobre los mismos cuando era un simple maestro. En este proceso de transferencia, la obediencia a quien ostenta el cargo se desliga del origen de su autoridad que no es otro que velar por  la observancia del recto proceder. El experimento de Milgram de 1.963, replicado años después,  es totalmente clarificador en este sentido.  Al jefe se le obedece por la mayoría aunque sus órdenes  supongan un comportamiento cruel que atente a la dignidad y la vida humana. Las masacres realizadas por los ejércitos a lo largo de la historia dan cumplida fe de ello.

Exigirle obediencia a una persona supone obligarle a renunciar a su libre voluntad. Pero cada hombre o mujer tiene su “querer” y en muchas ocasiones su razón le proporcionará argumentos para transitar por el camino  “que no debe”. Siempre ha sido, es y será así. En ocasiones hacemos “de lo hecho pecho” y afrontamos la responsabilidad de nuestro comportamiento transgresor, en otras  intentamos evitar mediante justificaciones, ocultaciones, mentiras…el correspondiente castigo. Por experiencia, todos sabemos que no existe  la “rectitud” total y consideramos hasta “lícito” un margen de inobservancia de las normas, costumbres o leyes, lo que nos proporciona cierto grado de bienestar psíquico como compensación o autoafirmación efímera ante nuestro habitual sometimiento. Este margen forma parte estructural del concepto de obediencia socialmente asumido, sobre todo en el ámbito de la privacidad, ya que en el del espacio público tendemos a la defensa del falso purismo.
 
Mientras que una amplia mayoría social comparte un discurso considerado recto y los responsables de las instituciones actúen en consonancia con él, la cohesión grupal está asegurada. Pero en las sociedades masificadas  actuales, existen multitud de grupos en los que  el   cómo –se – debe–ser-y-actuar se concibe de forma diferente. Los gobiernos forman mayorías parlamentarias que en muchas ocasiones, tienen un respaldo real de solo  el 25-30% del censo, lo que limita la aceptación de sus normas o leyes como fundamento de la existencia común. El “deber ser”  actoral de un conservador español (aborto, homosexuales, emigrantes, acentuado individualismo económico…), choca con la sensibilidad de la izquierda clásica o los nuevos movimientos sociales como el 15M  y viceversa. En contextos así, cada vez son menos las normas asumidas como comunes y más las que resultan extrañas o inasumibles para una parte importante de la población. Así por ejemplo la creencia en que todo ciudadano tiene derecho a un trabajo digno, se interpreta por los políticos neoliberales (conservadores y socialdemócratas) como una actividad que puede abarcar  hasta 10 o 12 horas, -exceso horario-  o bien tan solo dos horas, que junto al traslado desde el domicilio familiar puede suponer media jornada empleada en tan exiguo empleo. Por no hablar de los sueldos de mierda, considerados, a lo que parece, “adecuados”  mientras otros gozan de prebendas multimillonarias. Otro tanto podría decirse del derecho a la vivienda digna, del  derecho a una justicia justa (sobre todo si no tienes dinero), el derecho a una educación gratuita, el derecho a disponer del propio cuerpo…etc.   

Para el conjunto de ciudadanos cuyo planteamiento  identitario se encuentra excluido o ignorado por la actuación política neoliberal en países como el nuestro, los gobernantes  no son garantes de  un discurso RECTO  y pierden AUTORIDAD. Se ha abierto la brecha. El camino de la desobediencia se vislumbra, no sé si cercano, pero sí como posibilidad. Los ciudadanos que se encuentren sin ningún tipo de ayudas tendrán  justificación para desobedecer el orden  y robar. Los autónomos que no cobren de ayuntamientos u otros organismos oficiales tendrán la justificación perfecta para el fraude en el  IVA  y llegado el caso para negarse a pagar impuestos hasta que no se les dé lo que se les debe por no decir que podrían boicotearles de provisiones. La clase media, maltratada por las subidas del IRPF en comparación con el trato dado a las clases altas, podría plantearse la objeción fiscal. Los maestros podríamos negarnos a hacer funciones de bedel en tantos y tantos colegios, amén de otras medidas de resistencia pasiva que tomadas por el conjunto de funcionarios pueden  ser letales para cualquier gobierno, local, autonómico o municipal. Los ciudadanos de los pueblos castellano-manchegos podríamos negarnos a pagar los impuestos municipales mientras nuestros alcaldes y concejales no cambien su actitud de disciplinada  impasividad ante los incumplimientos dinerarios del gobierno Cospedal para con la tesorería municipal, los recortes en los colegios y centros sanitarios públicos a la par que se anuncian nuevas ayudas al sector bancario.

Lo dije hace tiempo. Los políticos en el poder están dando coba a sus "chaches" bancarios para que puedan salir a nuestra costa del bache en que nos han metido y conducirnos, en nombre de la competitividad a tener los sueldos, horarios y derechos de la china comunista. Mientras tanto, nosotros,  condicionados a la obediencia,  viéndolas venir. Con más miedo en el cuerpo que vergüenza por lo que pueda pasar y ellos con una desvergüenza que se les sale del cuerpo. Thoreau y Gandhi dieron ejemplo. Son tiempos para condicionarse a la desobediencia.

domingo, 16 de octubre de 2011

DIEZ SEGUNDOS



  Octubre, 3. Lunes, mal día de la semana. A las nueve menos diez salgo de casa con el primer descuido a mis espaldas. De regreso a las dos,  portada y ventanas abiertas y el  olor a quemado me hacen tomar conciencia de mi olvido. Al traspasar la puerta de la calle  me sumerjo en la pestilente niebla gris que inunda todos los aposentos de casa. Ya sé. En la cocina, lo que prometía ser un espléndido cocido es carbón piedra adherido sin remedio a la ahora inservible olla. 

Me quemo. En segundos apesto como apesta mi casa. Me insulto. Idiota. Imbécil. Cenutrio. Auto insultarte, relaja. Ser el primero en darte caña hace sentirte mejor.  Si además es en voz alta, evitas que los tuyos te la den. Una mortificación menos.

A día de hoy, 12, aún mis horas “libres” están saturadas de chutes de pintura, de amoniaco y de legía.  Soy, somos, robots en un no parar de limpiar y colocar. Por un olvido.  Por una distracción que “YO” no ordené, sino todo lo contrario. Hubo un instante en el que fui a apagar la vitro y “YO” decidí hacerlo minutos después, cuando el cocinado hubiese avanzado algo más y ya tuviese todo listo para ir al trabajo. Sin embargo partí sin hacer lo que instantes antes me había propuesto. ¿Por qué ignoré, sepulté o modifiqué  mi “YO” orden? “YO” no lo sé. Ni lo sabré nunca. 

 “YO” estoy en el mundo por la incesante actividad de un cerebro modulado por los estímulos externos e internos que recibe. Pero tal y como las neurociencias  han descubierto, si en estos momentos “YO” sé las palabras a escribir es porque desde hace unos diez segundos mi cerebro ya estaba trabajando en ello. Más claro aún: “YO” estoy escribiendo ahora lo que mi cerebro ha elegido durante esos diez segundos. Pero de esos diez segundos lo ignoro todo porque como “YO” soy el resultado de esa actividad, no puedo controlar la acción neuronal de la que surjo.  Algo de MI me llevó a no apagar el fuego, pero ese algo, “YO” no supe que estaba; a ese algo ni pude ni puedo acceder. Y entonces digo: ¿qué libertad y  responsabilidad tengo en estas o parecidas circunstancias? 

Hoy por hoy, lo afirmo: No podemos conocer lo que en totalidad somos.  


¡Ah Dios! ¡como nos la has jugado!  ¡Tu soplo o era imperfecto o con muy mala leche! Pero  creados con libertad limitada, no nos ha quedado más remedio que intentar apurarla. Y en esas estamos. Llevamos siglos mordiendo la manzana del conocimiento. Voluntad de poder. Hasta fabricaremos lentes que leerán la mente . Ahora sabemos que podremos gozar de más grados de libertad en la medida que nuestro cerebro gane en complejidad y se ensanche el puente entre la inconsciencia y la consciencia.  Por poder, podemos hasta estimular nuestro cerebro para vivir experiencias religiosas. El reino de los cielos de cada cual está en su cabeza. Cada uno somos un rey entre reyes, aunque muchos morirán sin saberlo. La ciencia, como también lo hace el budismo, ha puesto de manifiesto que no hacen falta religiones para vivenciar el misticismo. Otro engaño desvelado.

Llegados a este punto, está claro que sobran  historias sobre Vírgenes que engendran sin coito, TRES en UNO, muertos que resucitan o un cielo lleno de huríes.  

Dios, la verdad es que, no me haces falta.

miércoles, 10 de agosto de 2011

JIJIVIDA .




Todos conocemos personas jijí-jajá y todos hemos tenido momentos jijí-jajá en nuestras relaciones. El problema es cuando percibes que el jijí-jajá se instala cuasipermanentemente en alguno de tus círculos de relaciones. Es un síntoma claro de que algo falla en nuestro yo social y entonces hay que reflexionar. Piensas: ¿estamos jijiflautas o acabaremos jijiflautastotal?¿Estoy con estos jijiflautas porque no tengo donde caerme muerto? ¿El jijivirus se “pega”? ¿Hacemos  el jijiflauta por miedo a  hacer otra cosa? ¿Se puede dejar de serlo?¿Ser jijipandi es ser amigosamigos…? Un jijiamigo  ya me habría dicho: ¡Juan! ¡Para, que me grillas!

Pero he abierto mi melón racional y no puedo parar. ¡Ah! los jijijajanianos ¿cómo sooon elloooos...?: 


Superficiales, aunque intentan disimularlo bombardeándonos con su palabrería. Me aburren.


Estereotipados. Opiniones encorsetadas y que repiten “de oídas” y a pesar de eso algunos se consideran transgresores. Me cansan.


Por acomplejados, orgullosos o “importanciosos” que decimos en mi tierra. Me cargan.


Donde estén y con quien estén, quieren ser centro. Egocéntricos. Me hastían.

Son unos bienqueda, pero cuando pueden coger presa, intentan no soltarla. Se creen fuertes. Entonces les aborrezco.

Individuos diversión, que no personas divertidas. De tanto intentarlo, a veces tienen su “conque”, que procuran explotar, pero es un conque que aunque puede tener "chispa", es insustancial,  no te aporta nada. Llegan a  resultarme indiferentes.

No quieren  relaciones que  les provoquen  interrogantes. No quieren cuestionarse nada. Se sienten seguros en su nadería. Los problemas se los ocasiona el mundo.  

En general, son individuos e individuas que suelen ponerse en evidencia, hasta cierto punto, inútiles, sin compromiso vital real porque no beben de la fuente de la vida y acaban p u d r i é n d o s e.  


Cuando con el tiempo, voy descubriendo que una persona reúne al menos las cuatro  primeras de esas siete “virtudes”, me digo:  ¡zás!  este es un posible jiji-jaja. Con las siete ya lo es total. De entre ellos, las jijimarujas resultan especialmente monótonas y las jijimariconas de lo más mordaz.  Pero también hay jijiconcejales trailleva que promueven humo y hacen polvo un ayuntamiento, por muy piripuestos que parezcan. Y jijimaestras (lo hacen todo bien, todo monerías, todo buenas notas, todo “cariñito”…) que si coinciden con jijimadres forman una combinación de lo más “formativa”.Y jijiarquitectos -¡hostias, las casas que hagan!- y  jijimédicos -¡hostias, hostias!-…y  podemos seguir por donde quieras.¿Habrá jijiputis? ¿Jijicuras y jijimonjas? ¿Y Jijijueces?...¡que miedo!.  Me pregunto si  el ministro Blanco ha tenido su momento jiji-jaja mala leche o es un jijimalo cuando dice que hay que bajar los sueldos...O si De Cospedal, marbellaveranea jiji-jajeando por ser jijibienpagá  con la que está cayendo en CLM y en España. O si nuestra Alcaldesa tiene momentos así cuando la paran en las calles a diestra y siniestra, por no decir su padre, que en vox pópuli es un no parar de relations por las rues villarteras, algunas de ellas en las que trabajan los contratados por el Ayuntamiento extraidos de la bolsa del paro. Claro que, como dijo una ppiana  refiriéndose a esto: ¡Eso es bueno!¡Que los vigilen es bueno! Lo dijo bajando la voz, pero lo dijo. Momento jiji-jajá ridi-ridi.


Resolviendo. Hay que distinguir las personas jijí-jajá de lo que son momentos de ese tipo, producto de situaciones cotidianas y por lo tanto inevitables. Respecto a las primeras, antes o después las aparto de mi vida con poco coste. Aunque sin mucha precisión estadística, puede que la cuarta parte de las personas  con las que me he tratado se encuadren en esta categoría. Si fuesen el cincuenta por ciento más uno, me preocuparía pues ya se sabe eso de :“Dios los cria …” Más me afectan los segundos cuando suceden en el ámbito familiar o en el de la amistad. Si llegan es  por algo. Un algo que no se “puede tocar”, sobre lo que no se habla y que es producto de la desconfianza y del miedo a ser sinceros. Un algo que provoca distanciamiento y algún que otro terremoto emocional del que puede llevar tiempo recuperarse.  Pero ese es otro cantar. 


                                             Pincha sobre la imagen. la verás mejor


NOTA: He utilizado indistintamente el masculino o el femenino. En todos los casos ha de hacerse extensivo a los dos géneros.
Actualizado 11-VIII-2011

sábado, 9 de julio de 2011

Autoengaño torero


En el ruedo de la vida unas veces toreamos y otras nos torean.  Torea el maltratador a su víctima, hasta que le acarrea la muerte. Nos dan un pase de pecho al exigirnos más horas de trabajo por el mismo sueldo o al bajárnoslo amenazados con el estoque del despido.Torea el amante infiel a su pareja  con las  verónicas  del regalo, el viaje o la cena sorpresa para impedirle que aviste su faena en otras plazas. Nos someten  con un muletazo de trinchera asegurándonos que tal o cual país tiene armas de destrucción masiva y enviamos soldados que mueren con la puntilla de las minas anticarro, el disparo “fortuito” o la emboscada repentina.  Nos torea por bajo y por alto el hijo consentido y caprichoso. Sangramos la hacienda pública  con  las  banderillas del NO-I.V.A. y  el fraude institucionalizado. El puyazo de las hipotecas nos debilita hasta los 60 o 70 años,  edad en la que pasamos por series  de  achacosos muletazos que la biología nos tiene preparados. Por no contar, entre elección y elección,  los cuatro años de silencioso chiquero en el que el partido dueño de nuestro voto, nos mantiene "ilusionados" con la promesa de regeneración o el cumplimiento de un programa imposible.   

Desde hace siglos la vida de los españoles se ha impregnado de la cultura taurina y tal vez  por eso el párrafo anterior te parecerá “natural”. Profundicemos. El símil presenta las relaciones sociales desde la óptica del autoengaño. Tanto cuando “toreamos” como cuando nos “dejamos torear” en las situaciones expuestas y en cientos de otras distintas, estamos convencidos de que tenemos que actuar así porque es la mejor salida posible, aunque sabemos que protagonizamos una gran mentira. Una mentira que para que no incomode a nuestra conciencia, hemos de ignorar, de ocultar,  convirtiendola en una gran verdad. Con tal mecanismo  nos alejamos de la realidad, viviendo en un escenario que nuestra mente ha identificado como real.  Y así continuaremos mientras que nuestro modo de vida aguante. Si alguna vez se derrumba, ya intentaremos arreglarlo. Quizás esta sea una de las razones por las que las corridas de toros siguen teniendo  interés para parte de la población.[1] En nuestro inconsciente, nos identificamos con un torero que, adornado con  bordados, corbatín, medias rosas y  plástica corporal inconfundible, es el gran embaucador  del toro, al que una vez y otra engaña con ardides no siempre convincentemente resueltos, pero precisos para, con la ayuda de sus subalternos,  conducirlo hasta la muerte. Al engaño, la sangre,  el peligro, la crueldad, el dolor, la agonía, la expiración... los teñimos de arte, belleza, fiesta, valor. El mensaje es claro: auto-engáñate y vence. Auto-engáñate y vive.[2] Asi queremos que ocurra en muchos lances de nuestra vida.



INTENTANDO ROMPER UN AUTOENGAÑO CON POCAS PALABRAS





                                          




                                  










                                                




 




                   

    
                                  
















LECTURAS
De repente, un chaval va y dice: «quiero ser torero» www.dipsanet.es/cultura/tauromaquia/TuSolo/Quierosertorero.pd

Trias de Bes, Fernando .La conveniencia de autoengañarse 
http://www.elpais.com/articulo/portada/conveniencia/autoenganarse/elpeputec/20060122elpepspor_8/Tes

Trivers L. Robert.  El autoengaño, ¿una adaptación evolutiva?

[1] En el año 2008 según la encuesta  Gallup, un 67% de españoles  manifestaba no tener ningún interés sobre este tema. Por el contrario a un 10%  le interesaba mucho  y a otro 22% algo.

[2] Cada año hay unos 17.000 espectáculos taurinos en España. Mueren toros, novillos. Por suerte apenas hay fallecimientos de toreros, banderilleros…