martes, 12 de junio de 2012

Los números de la alianza




Los números son carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. Viven en nosotros y por nosotros y sin embargo construimos cantidades que escapan a nuestra conciencia. Hoy nuestro gobierno ha decidido pedir prestados hasta 100.000 millones  para tapar despilfarros y desfalcos bancarios, una cifra para angustiar al débil y agitar al rebelde pero que apenas son unos céntimos  comparados con  el valor de los derechos y servicios de los que nos despojan esos ladrones de vida que son los gobernantes actuales, bajo el auspicio de leyes para las que no les han votado.

Vivir entre estos cleptómanos profesionales, desasosiega…hasta que encontremos la manera de deshacernos de ellos. Es hora de no desfallecer, de espolear las neuronas para que alumbren ideas con las que enfrentarnos a nuestros domadores. Es el momento de hacernos fuertes. De los 100.000 puestos políticos  que hay en España habría que sustituir a casi todos. Son de la vieja escuela, de los que hacen y deshacen a su antojo, de los que una vez elegidos se erigen en férreos directores de nuestra vida. El ejemplo más evidente lo tenemos en los “nuevos” dirigentes estatales, autonómicos y locales.  

Pero, detengámonos en estos últimos. Son los que vemos cada día en nuestras calles y plazas y tienen que notar nuestro descontento.  Hay que presionarles con nuestras exigencias para que sus peticiones obliguen a sus “jefes” de partido y no agachen mansamente la cabeza ante ellos, como hacen hasta ahora. Hay que decirles que recortar en sanidad nos mata, que recortar en educación nos mata y ellos son cómplices y coautores de ese magnicidio y que si hace falta moriremos matando. Que lo sepan. Decírselo a la cara. Decírselo en los plenos de vuestro ayuntamiento y por qué no, también en los bares y en las peluquerías. Que no se sientan tranquilos preparando sus fiestecitas como si nada, convocando disparatados referéndums para elegir entre toros o empleo,  aprovechando sus puestos en ayuntamientos para encontrar trabajo a cambio, probablemente de alguna contraprestación inconfesable, “enchufando” a sus amigos de partido o redactando ordenanzas que limitan la libertad del ciudadano en las calles. Haced números, no son tantos, 11, 17, 20…nosotros somos 3000, 18000, 30.000…

Buscad adeptos para esta campaña de limpieza.En España hay  cerca de 20.000.000 de personas entre 19 y 44 años, en la flor de la vida.  Reescribiendo palabras de V. J. Wukmir , ¿no habrá al menos, un diez por ciento de entre ellos que como decía, estén vivos en los mares muertos de su ambiente, preocupados por lo que sucede pero no cobardes, inconformistas pero constructores de nuevos modelos de convivencia, que no utilicen la política como refugio ante su incompetencia para buscarse la vida y desinfectados del virus capitalista  de aspirar a ser profesionales de la especulación o el consumismo?¿No habrá entre los cerca de 4.000.000 mayores de 60 años, un porcentaje importante de nostálgicos pero no pasivos; pensativos, pero no fatalistas y que  la fuerza de los años les haya hecho liberarse del  fanatismo y  la ley del talión y no teman alzar su voz contra aquellos que quieren reducirlos a guiñapos en los últimos años de su vida?

Sí que los hay, solo hace falta aunar esfuerzos. Si una decena de millón es capaz  de hacernos bailar al son de su dulzaina traicionera, ¿de qué no van a ser capaces los millones de los que estoy hablando? Es la hora de la alianza de los que se saben fuertes. Si eres uno de ellos encontrarás el camino para firmarla. Si no lo eres, considérate el adversario, freno para un futuro mejor y tarde o temprano, si no lo estás ya, quedarás al descubierto. Créeme, ese será tu infierno.
                                                                                                                                           Entre números

lunes, 28 de mayo de 2012

ISLAS COMO VELEROS


A Villarta, isla en la que edifiqué mis tesoros y en la que me cultivo cultivando su jardín de almas.


Son los pueblos de la mancha islas en la que el tiempo se expande en un océano de pámpanas donde se sumergen el todo y la nada.  Islas sin puertos y diques en los que reparar las brechas de la historia pero en las que recalan piratas  de entre los “grandes” de España para acopiarse de tierras a las que, como a nosotros cercan con lacerantes vallas. Islas cuya grandeza horada la submodernidad  del  actual desgobierno de despojos madrileños. Islas, desde hace tiempo, con juventud de salir y regresar para ver a padres o  abuelos y pare usted de contar. Los pueblos de la Mancha son, gracias a impacientes visionarios, un archipiélago anudado por carreteras solitarias que van a parar al mar y el mar no es el aquí.

Por imaginar, imagino los lugares manchegos cuán islas muñidas como veleros, espacios de serenos horizontes bogando  al ritmo de  los nuevos tiempos, en los que su natural sosiego sea alimento  para la reivindicación como lo fue para quienes marcharon al corazón de Toledo exigiendo  que la salud no sea negocio ante los silencios de muchos, entre ellos, el de los villarteros. O como para los centenares de manchegos que recién ocuparon plazas en defensa de la educación pública y que los gobernantes, como todavía muchos de vosotros, os empeñáis en escuchar como silencio.

Tierras pegadas al suelo tripuladas por  gentes prestas a enfrentarse a la vida y al gobernante farfullero con la velocidad del viento. Tierras sembradas con ideas traídas de cerca o de lejos por manchegos marineros que no se esperan a que les caigan del cielo. Tierras que tiren por la borda el ponzoñoso equipaje del patriotismo pordiosero.  Tierras que se anclen y se desanclen sin  vahídos ni complejos. Tierras desde las que se llegue al cielo. Así las quiero, como no las quieren ni quisieron quienes cubrieron y cubren los días de la Mancha castellana con sus malas artes, castillejos de fuegos artificiales, discursos y bailecillos con los que  contentar a los ciegos.

miércoles, 23 de mayo de 2012

CUATRO HOY Y MAÑANAS



El Uno. Deambula en casa. Sale. Entra. Tiene un título colgado en la pared y en su imaginación que así no le da para vivir. Solo él sabe lo que cuesta su hoy y su mañana.  Se recompone entre cigarrillos y cañas que mendiga en casa y algún concierto de rock que se chuta en el corazón.

El Dos. Cobra paro. A veces pone copas. Vuela en su utilitario y ronronea amores de media hora. Veintitantos, graduado escolar, dos diplomas del INEM y a veces ve pasar el tiempo como lo hacen los viejos, con muchos silencios. Dice reirse del hoy y del mañana, aunque viendo su cara lo hará para sus adentros.

El Tres. Dos hijos. Desempleado sin ayuda, las minichapuzas le dan más ánimo que pan. Nunca ha comido mucho y ahora, por necesidad, menos. Sus carnes se encuentran a nivel de sus reservas dinerarias y las turbulencias de sus sentimientos le empujan a cruzar el límite de lo decente. Puede que lo haga hoy mismo. Entonces su mañana y el de alguno de nosotros será diferente.

El cuatro. Con veintitantos se estruja los sesos para aprobar sin estudiar. Fusila exámenes y trabajos. Es su tercera carrera, las primeras, sin finalizar. Aunque ni se lo piense ni se lo diga nadie, es un picaflor inmodesto. Un vivo, vaya. El perfil del intelectualillo provinciano que hasta ahora ha vivido de la política y nos ha llevado a la ruina. Por eso hoy no sabe cual es su mañana.

Cuatro presentes que comparten marihuana y fútbol. Cuatro presentes de mierda hacia un mañana...¿común?. El Cuatro y el Dos podrían acabar como el Uno y los tres, como el Tres, en la cárcel. Pero los cuatro ya son legión. Si continúan creciendo serán causa de revolución o de involución. Imagina cómo serían nuestros días...
                                                                                                                               Entre números.





miércoles, 9 de mayo de 2012

HOY LA HE VISTO


Catorce años. Melena turbia. Vulgar andar y vestir. Ordinaría coquetería  pero coquetería.  Se asomaba a la vida como quien se asoma a un balcón  esperando a ver quién pasa. Y pasó. Lo tenía a su lado. La llamó reina, la rodeó por la cintura y la cegó con un anillo de cientos de euros. Se encandiló con sus milongas y floreció entre sus brazos sin importarle que él proclamara su proeza orgullosa de llevar corona de mujer mientras sus compañeras aún se adornaban con diademas.  

De navidad a marzo, tres meses de reinado tras los que llegó el desencanto. Él quiso alargarle la falda y ser dueño de sus horas. La llamó  “eso” y le empujó hasta casi tirarla al suelo. Pero se sabía reina. Su boca escupió insultos a destajo y su menudo cuerpo jamás volvió a ser por él acariciado. Guardó el anillo en su diario y abrió otras páginas de amor  aunque de cuando en cuando le hiciese creer que le seguía interesando. Decía vengarse con ello aunque era el juego de una niña que halló en el gozar catorceañero el modo de ser algo más que la de más suspensos.

Hoy, años después, la he visto. Parece que por ella no pasa el tiempo aunque tal vez sea yo quien ande anclado en mis recuerdos y la veo como la veía confundiendo lo que veo. ¡Qué viejo me estoy haciendo!
                                                                                                            Diario de la escuela oculta
                                                                                                                                                                


En sus primeros besos soñó  con cielos y encontró barrancos.
Sus segundos besos  los entregó a otro potro que la perdió en el viento.
Los terceros los regaló a un pregonero de tres al cuarto que se hizo un hombre con ellos.
Para quiénes fueron los cuartos y  quintos, es un público secreto.
Por eso, porque tiene para vender y regalar,
la llaman la muchosbesos.







lunes, 30 de abril de 2012

El sin vivir de vivir (II)


El afecto.

Quien hace algo por mí bien, aligera mi desgaste por vivir, mi sufrimiento, en una muestra de su afecto.

Cuando hago algo por tu bien, lo hago, amigo, conocido, compañero…  porque es mi voluntad  tenerte en mi tiempo y mi pensamiento para darte, comprenderte, respetarte, alegrarte o agradarte aunque tenga que pagar el precio de mi esfuerzo. Afecto.

Dar y recibir, el juego de la vida en el que nadie, sin resentirse, puede dar más de lo que recibe. El afecto tiene su contabilidad. El déficit afectivo conduce a la quiebra personal, al desorden cerebral  y a la enfermedad. Por eso rompemos relaciones que suponen una sangría de afecto, para sobrevivir. No hay entrega  ni amor sin límites. Existe un límite, la capacidad de la persona y su organismo. Quien va más allá, pone en riesgo su vida. Nadie muere de amor sino por falta de amor. Un morir por un sin vivir.

Cada cual tiene su potencial de ayuda, de dar afecto.  El superficial, que apenas se esfuerza por sembrar, poco grano puede dar. Cuando la vida le exija donaciones que excedan sus escasos recursos, como educar un hijo, se desquiciará. Un sin vivir para él y para quienes le rodean.  El egocéntrico y el egoísta  se sienten en continuo estado de necesidad por lo que intentan acumular, aprovecharse, "chupar"  de quienes tienen cerca .Un sin vivir por saciar su permanente insatisfacción. Un sempiterno estrés por tener y sentirse más...dando lo menos. Unos  enfermos que harán enfermar a quienes atiendan sus requerimientos. 

Amor. El afecto mayor. Quien nos ama, nos da. A quien amamos, damos. El amor es a la vez una entrega y  un querer. Decir te amo es decir estoy por y para ti. Decir te quiero es  pedirte que me ames. El tú y el yo. Un yo y un tú que se amparan y comprenden siendo uno causa de que el otro se redescubra y se reoriente. Un sin vivir que es vivir, la recompensa del amor. 

miércoles, 25 de abril de 2012

NO al Heredero



Tiene un millonario contrato de aprendiz. Comenzará a ejercer próximo a los cincuentena. Apenas descenderá a la calle salvo para mostrarse como un artículo de lujo que dice pertenecernos a todos, demagogia pueril, engaño para mentes ancladas en el infantilismo.

Algunos escribieron en una constitución que será jefe del estado por ser hijo de su padre. Pero las leyes no dejan de ser obligaciones a ignorar, soslayar o modificar cuando no llevan la impronta de la razón. El corazón de un hombre que dice tener derecho a ser rey en función de su nacimiento sin que por un momento se digne a escuchar si el pueblo quiere mantener un trono para él, es un corazón dominado por el afán de permanecer en la cúspide del elitismo económico y social en el que siempre ha vivido y que se autojustifica bajo el mantra del servicio público. Es un corazón egoísta envuelto en la hermosa apariencia de un hombre atractivo rodeado de una familia de anuncio que se vende por un buen precio.

¿Alguien lo imagina con la dosis necesaria de honradez como para propiciar un referéndum sobre su ascensión al trono? Sólo así podría legitimarse.Como  hombre, aspiro a ser mi propio rey, por eso no puedo apreciar a quién me quiere como súbdito-ciudadano así como tampoco puedo estimar a quienes le utilizan para mantener sus privilegios y pretenden imponérmelo. Porque ...¿con quién se relaciona un rey?,...¿con el pueblo llano?¿Qué vive un rey?,...¿las miserias del despido?,¿la humillación del deshaucio?,¿la alineación del paro?...

Si el rey de la constitución es el símbolo de la permanencia y unidad de este estado a todas luces débilmente democrático, no quiero que su heredero lo perpetúe.

El rey de la constitución arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones. Es evidente que más que "regular" algunas funcionan mal, como el parlamento, saturado de reglamentos obstruccionistas que intentan evitar que en él se escuchen con nitidez la voz de los discrepantes. Si el rey no puede hacer que funcione mejor, no sé para que lo quiero. No necesito un rey que proteja bajo su manto tal desaguisado como tampoco quiero que, como reza la constitución, se administre justicia en su nombre sino en el del pueblo, un matiz de gran importancia para desterrar el paternalismo real innecesario. Me reafirmo: que no exista rey ni ninguno de sus herederos para mantener lo que estoy viviendo.

Hay quienes me dicen que en nada les afecta la existencia de un rey. Otros, que rey o presidente republicano, tal para cual. Desengañaos. Un rey es artilugio para maquillar la realidad, imagen arquetípica del señor de la que hay que liberarse en el camino hacia la maduración individual y colectiva. No quiero un rey, ni el que está por venir. Para rey, ya me tengo yo.               









sábado, 14 de abril de 2012

EMBRIAGUÉMONOS

Ando en un constante mascullar sobre a donde nos conducen los sacrosantos recortes escritos en los torcidos renglones de la biblia del liberalismo. Un libro que proclama el cielo pero conduce a casi todos al infierno.

Ando intentando imaginar el día a día de tanta gente expulsada, no ya del jardín de los buenos sueldos, sino de sueldo alguno. Imaginar no es saber, pero no sé si quiero saberlo.

Ando preguntándome cómo se pude digerir  la mortal  y “legal” pelota de goma que te arrebata un hijo y no puedo preguntármelo dos veces seguidas sin sentirme enfermo.

Me pregunto cómo amordazar la boca del inquietante ministro que proclama delictiva la resistencia pacífica a las órdenes injustas y siento nauseas al comprobar cómo perduran en los círculos del poder los pérfidos y nunca desterrados  principios del fascismo.

Me pregunto qué mella dejará en el espíritu de mi hijo el aguírrico sueldo de trescientos euros que recibe. La dignidad tiene un precio, la indignidad también.

Ando preguntándome cómo derrotar al obsceno poder que nos ningunea riéndose de manifestaciones y actuables, sabedor de que tiene los voceros,  las porras y los tanques y de hasta donde sería capaz de llegar yo, habiendo enfilado el último tercio de mi vida, frente a los tiranos que nos ahogan con la prisma de riesgo, delincuentes de la peor calaña que día tras día ponen en jaque las vidas de millones de personas sin que paguen por ello porque tú, yo y millones de pusilánimes como tú y como yo lo permitimos.

Ando procurando atemperar el ánimo encendido por la rabia y la decepción, la impotencia y la indecisión buscando motivos para la esperanza y un “lógico” conformismo.

Pero no sólo en eso ando. Ando en un constante ir y venir concretando los mil y un detalles del viaje a Roma con chiquillos de trece a dieciséis años, excitados ante la inminente salida del cascarón de su pueblo. Un agotador procurar no tener olvidos ni descuidos. Una cierta opresión en el estómago originada por un acentuado estado de vigilia. Un apretar el acelerador en las clases, ahora más que nunca fuera del horizonte de su motivación. Un estirar y encoger de normas y tareas, mano derecha y mano izquierda de la que hay que tener con adolescentes que entienden a quien les entiende. En esas estaba esta mañana, exhausto, cuando él, en primera fila, en un pequeño receso, mirándome con sus ingenuos ojos azules, dijo:

-Juan, eres fuerte. Psicológicamente muy fuerte, el pilar de la ESO.

Lo dijo con voz baja, como para entre los dos. Hay momentos en que no sabes como reaccionar y este fue uno de ellos. Le miré y el supo que le había oído pero no dije nada y continué con mis explicaciones. Habrá quien le parezca una petulancia por mi parte hacer público este suceso. Me es indiferente. Ignoro en que basa su apreciación. Su naturalidad, ajena a la adulación y la admiración me hizo bien. Como bien me ha hecho leer este texto de Baudelaire que el azar ha puesto hace unas horas en mis manos:

Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: esa es la única cuestión. Para no sentir el horrible paso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.
Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.


Embriaguémonos con la sangre de los gladiadores que luchan por la justicia, el vino de la vida. Con la virtud de quienes aun con sus renuncios, procuran no doblegarse ante la opresión del poder “democrático”. Embriaguémonos de proyectos que, aunque no lo consigan, persigan procurar nuestro bien y el de otros, proyectos en los que a buen seguro anida la poesía.

                                      Diario de la escuela oculta